EL ZOMBIE GRITA UN GOL
¿Nos gusta el fútbol como el deporte que es, o simplemente hacemos de los colores de una camiseta una razón de vida? Sería muy importante replantearnos como sociedad hasta que punto once muchachos corriendo detrás de una pelota, se transforman en ídolos, semi dioses por los cuales nos enajenamos, perdemos conciencia, llegando inclusive a matar a quienes lucen colores diferentes.
Quizás sea la hora de revisar nuestros valores como comunidad, de rever hasta que punto estamos comprometidos con el quehacer social, y hasta que punto son ellos. los zombies y nosotros los cuerdos, los sensatos, aunque compartamos tribuna.
TRASMUTACION
Al ir al estadio, al entonar los cánticos, al saltar sobre las gradas batiendo los trapos, nos vamos transformando, vamos mutando y lentamente, alcohol y drogas por medio, el ser humano va dando lugar a la bestia incontrolable y en un momento dado, ya nada importa; si el cuadro gana o pierde, no interesa, lo importante es cobrarse una víctima, para danzar luego sobre el cadáver inerme, cual fugaz trofeo.
ABSURDA VIOLENCIA
Matar por el solo hecho de hacerlo, dar muerte para hacer prevalecer vaya uno a saber que cosa....El equipo allá; los jugadores en la concentración, con sus vivencias, con sus preocupaciones, con sus planificaciones y acá, en la penumbra de las calles casi desiertas del barrio, los enajenados golpeándose, disparándose, dándose muerte para decir de su absurda verdad, la cual es solo suya, ya que en verdad a nadie le importa lo que anida en esos pechos vacíos, ruinosos de los que están dispuestos a matar por un nombre, o por un color.
LA MUERTE ABSURDA
Anoche la muerte absurda, vacía, cruel, innecesaria, se cobró la vida de un chico. ¿Su error, su delito? Portar la casaca del tradicional adversario. ¿Su yerro?....pasar cerca de los trogloditas que se hallaban de pintada en la ciudad.
Me pregunto una y mil veces, si debo o no debo seguir viendo fútbol, si debo o no debo volver a festejar, a sufrir, a gritar o llorar por ese equipo que sigo desde niño, cuando al ser parte del sentimiento por el cuadro, también me siento parte de ese esquema que lleva a la enajenación, a la insensibilidad, a la cruda realidad donde por un lado, se prepara una fiesta grandiosa por el nuevo estadio, EL CAMPEON DEL SIGLO, y por otro, en la oscuridad de una calle cualquiera, un jovencito, un chico casi niño, expira por ser de otro cuadro. ¡Malditos sean!...




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