miércoles, 20 de julio de 2016

ACUARELISTA ESTEBAN GARINO -1919 - 2001 - SEMBLANZA DE MI MAESTRO




SEMBLANZA DE MI MAESTRO

Creo que es de orden recordar, tener presentes y evocar a quienes desde su posición en las trincheras de la vida, desde ese breve instante de tiempo en que cruzaron huellas en nuestro camino,  obraron en el sentido de hacernos aportes trascendentales para nuestra proyección, para alcanzar metas, para formarnos, ya no como profesionales en determinada área, sino como seres humanos, cosa ésta invaluable a la hora de pasar raya para establecer a esta altura de nuestro recorrido, qué personas conformaron,  cual silenciosos albañiles,  esos imaginarios bloques de respeto, dignidad, cariño, sapiencia y compromiso,  que hacen a la firmeza y solidez de las paredes del gran edificio de la vida con que estamos conformados.


ESTEBAN ROBERTO GARINO  - 1919-2001-

 Aun después de tantos años,  lo veo rezongando con su voz ronca, gesticulando y saltando de tema en tema y llevando a la gente, su gente, de un tema al otro, quedándose con aquellos discípulos que de alguna manera podíamos seguir el curso de su verborragia, de sus no pocas veces encriptadas explicaciones acerca de las luces y las sombras, de las veladuras, dimensiones e inspiración para la generación de la obra. De sus caballos y los murales que el Estado le había encargado y aun no le había pagado, entre otros tantos tópicos, como expresara, no siempre relacionados a la pintura y en los que gustaba de incursionar.
Siendo el hombre urbano que era, recuerdo aún las magníficas exposiciones informales que nos hacía en el taller acerca de las diversas batallas que había pintado; Rincón, Sarandí, El sitio a Montevideo, La brecha, etc. remedando el bramido de los caballos en desbocada carrera hacia los enemigos del momento, haciendo ademanes desde sus metro noventa, de bajar un mortal sablazo sobre algún desdichado invasor; y mientras simulaba gritos, bramidos y jadeos y el chocar de lanzas en el aire roto por sus brazos de gigante enloquecido, sus ojos buscaban ya al siguiente enemigo, la roca, el descampado o el arroyo donde proseguir la imaginaria batalla, para pasar inmediatamente  ante los semblantes extasiados de sus jóvenes alumnos, a pedir que fuera servida una nueva copita de vino para quitar el frío, dando paso a una estruendosa carcajada.
Esteban Garino nació en Montevideo  el 22 de diciembre del  año de 1918 o 1919; siendo autodidacta, se  constituyó en aplicado acuarelista de la mano del viejo pintor italiano Aldo Raimondi, de cuya personalidad solía hablarnos en esas rondas largas del taller, entre pinceladas,  risas y comentarios  de la más variada índole.
Personalmente lo conocí allá por el año 1973 cuando me anoté, teniendo apenas 14 años de edad,  para los cursos de la escuela de dibujo por correspondencia Continental School, aunque gracias al esfuerzo de mis padres pude hacerlos personalmente, yendo cada miércoles durante más de dos años a la calle Ejido 1425, lugar donde funcionaba el mencionado instituto del cual Garino era el profesor.
Su vida de reconocido artista lo llevó a recorrer varios países de las Américas y de Europa, deteniéndose especialmente a instancias del Gobierno de la época, quien había asignado ese viaje como Misión Oficial, en la academia de arte de Brena, en Milán donde obtuvo una gran experiencia pictórica, la que sin lugar a dudas hacía por trasmitirnos en cada reunión.
Fueron muchos los reconocimientos obtenidos a lo largo de su  tan extensa  como prolífica carrera artística, pudiendo destacarse entre otras, la importante muestra retrospectiva realizada por el Ministerio de Instrucción Pública,  en el Salón Nacional de Bellas Artes en el año 1958, cuyo catálogo fuera prologado por el afamado escultor Edmundo Prati.
En su haber contó con gran cantidad de exposiciones y charlas referidas al tema en países como Brasil,  Argentina,  Chile, Estados Unidos, Francia o  Italia, debiendo ser destacado su viaje en el año de 1982, a Londres, a instancias de la Sociedad Británica-Uruguaya, integrante del Consejo Hispano Luso Brasileño, realizando una acaba exposición de sus acuarelas más renombradas, así como una conferencia sobre la depurada técnica de las mismas en Canning House, sede de dichas instituciones.
La trayectoria de este talentoso maestro de las artes plásticas que la vida nos obsequió a nosotros, sus discípulos,  para que obtuviéramos de él parte de la experiencia recogida en tan extenso periplo, fue galardonado con muchos premios y reconocimientos tales como: Mención primer Salón Nacional de Acuarelas (1940), Mención en el segundo y tercer Salón Nacional de Acuarelas (1950 y 1953),  Premio Cámara de Representantes Sección Acuarelas, XVII Salón Nacional (1955), Tercer Premio Sección Acuarelas XIX Salón Nacional (1957), Premio de Honor en el VI Salón Nacional de Río Grande, Porto Alegre, (1956), Premio a la ilustración y al libro edito XXI, Salón Nacional (1959), Premio Adquisición en el XI Salón Municipal de Artes Plásticas de Montevideo, (1960), Premio Embajada Argentina en el XXIV Salón Nacional (1962), Premio a la obra Batalla del Sarandí en el XXVI Salón de Artes Plásticas (1964).
Participando dado su espíritu inquieto, en incontables actividades de índole cultural como la docencia, jurado en certámenes de pintura, sindicato de libros de pintores, escultores y grabadores, viajando además,  a diferentes países para brindar conferencias y participando en el medio local en la organización de eventos artísticos en los cuales, dada su generosidad, siempre nos involucraba como amigos,  discípulos  y allegados de su taller.
A esta altura la vieja escuela Continental School había quedado atrás, pues había cerrado sus puertas en el año 1977, y ya nos reuníamos  desde hacía algunos años, en el viejo apartamento de la calle Andes  casi 18 de Julio, lugar donde funcionó su taller hasta que dejó de impartir clases; este último dato, en un año incierto, aunque aún bullen muy frescos en mis recuerdos, las tenidas posteriores a las clases en uno de los bares ubicados en la planta baja del edificio del Palacio Salvo, extendiéndose por lo general hasta altas horas de la noche, donde volvíamos por lo general juntos, pues nuestros domicilios en el barrio Pocitos,  estaban  separados por unas pocas calles.
A todo lo expresado, no fueron pocas las publicaciones que coronaron su trayectoria, recogiendo temas tan disimiles como las caballerías gauchas, las tareas propias del campo, batallas, obreros, fábricas, o marinas fantásticas, todas, obras pletóricas de luz, de atmósfera, de magia y mucha genialidad.
Quizás fui yo junto a mi esposa de los últimos que lo vimos con vida; ya estaba muy anciano, tal vez cansado de convocar al espíritu creador que le habitaba; se le veía más encorvado que de costumbre, sus ojos celestes muy brillantes y profundos, ya sabían probablemente esa noche hacía donde debían marcharse.   Nos encontramos  ya muy tarde, hacía frío, él se hallaba en la calle Soca y Batolito Mitre;  hablaba con los viejos duendes del genio, tan conocidos por él. Lo acompañé hasta su apartamento, la charla que mantuvimos queda en la órbita de mi silencio, pero sí puedo expresaros que falleció a los pocos días en su domicilio de la Avenida Brasil y J. Zubillaga, después de haber estado esa jornada,  como tantos años, una vez fallecida su esposa, tomando su café en el bar de Avenida Brasil y Brito del Pino, donde se le podía ver a diferentes horas del día. Corría el año 2001.
Como anécdota digna de ser enunciada, recuerdo que Esteban Garino solía participarnos de la evolución de sus murales, llegando inclusive a pintarnos en algunos de ellos, siendo el más característico La Brecha, referido a las invasiones inglesas, en el cual aparezco como uno de los tambores llamando a la batalla; este enorme óleo era acompañado de EL Sitio a Montevideo y estaban colocados en el  histórico edificio  del  Cabildo de Montevideo, en la plaza Matriz; jamás fueron terminados quedando ambos en la etapa de las veladuras y según nos dijo en su momento, el Estado, quien los había encargado, tampoco se los pagó.
Recuerdo cuando con gran entusiasmo sus alumnos todos,  nos trasladamos hasta el departamento de Florida, pues el Maestro de todas las horas iba a inaugurar su espléndida obra Batalla del Sarandí, pintura de gran dimensión, pudiendo participar de aquel magno evento con el entusiasmo y la alegría de quien se sabe en el camino correcto llevado por la guía de un gran artista como lo fuera el Maestro Garino, mi maestro.
En las foto que adjunto puede apreciarse a Esteban Garino, mi esposa Pilar, el pintor William Moreira (también discípulo suyo) y el autor de esta semblanza en la apertura de una muestra en una galería de la Ciudad Vieja de Montevideo y en la segunda, está el Maestro junto al autor de este texto durante la entrega de los premios acuarelas en el Salón Euskalerría de Montevideo, donde el autor obtuviera el primer Premio por Los Pescadores del Bidasoa.
*Quienes viven en la mente de quienes lo amaron y respetaron, no terminan de marcharse.*

JOSE LUIS RONDAN
Artista Plástico, escritor./ 2016


miércoles, 13 de julio de 2016

A DOS AÑOS DEL MITICO TRIANGULO DE PIRIA




EL CAMINO DE PIRIA O TRIANGULO SEGURO

 LOS TRAZADORES: JOSE LUIS RONDAN, MARIO ALFONSO, GABRIEL PIRIA

18 DE JULIO DE 2014


El próximo lunes 18 de julio, día de la Jura de la Constitución Nacional, habrán de cumplirse dos años en que hicimos realidad un largo sueño adormecido por muchos años entre las páginas de algún viejo libro que versaba acerca de la teoría pergeñada por Don Francisco Piria, referida a la existencia en nuestro territorio, la República Oriental del Uruguay, pequeño país bien al Sur de la América Latina, donde praderas y playas se confabulan para hacer de este un hermoso territorio,  de un triángulo místico, o triángulo seguro; portal o sendero iniciático... vaya uno a saber. 

EL QUE TENGA OJOS PARA VER QUE VEA...

Dos años de reunirnos, confabular, planificar, organizar, hacer teóricos recorridos y des hacerlos, una y otra vez hasta que aquel día 18 DE JULIO de hace dos años, hicimos pedazos la teoría;  ya nadie a partir de allí estaría autorizado a expresar, cuando al triangulo se refiriera:  Se dice que....o se cree que....o alguien dijo que... Pues Mario Alfonso, Gabriel Piria y yo, lo hicimos, fuimos LOS PRIMEROS EN HACERLO, tal cual Godascalco de Puy realizara el Camino a Compostela allá por el año 1000 d.C.  Lo llevamos adelante tramo a tramo, viviéndolo, cuidándolo, experimentándolo y amando cada metro de los 1896 kms realizados por los caminos de nuestra amada tierra.
Las viejas columnas de la rambla de Heliópolis, la ciudad del Sol, nos dicen desde sus desgastados globos terráqueos a manera de remate de sus capiteles, la forma en como quedarán los continentes una vez sufridas las anunciadas catástrofes de fin de era, prevista por Piria para dentro de algún milenio, argumentando el alquimista que en ese triángulo, dada su particular conformación geológica, además del fuerte componente esotérico donde los elementos agua fuego aire y tierra se abroquelan para generar un inexpugnable ámbito de seguridad y fortaleza y  centro energético, atanor del alquimista,  que ya hoy día hasta los estudiosos de estos temas no dudan en reconocer, la humanidad podrá sobrevivir para poder soñar con un nuevo resurgimiento.
El Triángulo del cual hablo posee vértices perfectamente delimitados por Piria, los que se indican como primer vértice,  la Plaza Matriz, lugar donde se emplaza la mítica Fuente cargada de simbología alquímica y masónica; la Plaza Matriz, símbolo inequivoco de la matriz de lo femenino, de lo que da o proporciona luz a través del nacimiento a la nueva vida y desde ahí al Norte, tratando de dejar atrás lo corporal, lo material y denso para acceder al obelisco de Piria en pleno Rivera; obelisco de piedra del Pan de Azúcar, de la tierra de Heliópolis y de allí comenzando a descender para empezar a ser Idea a través de la búsqueda.

EL QUE TENGA ENTENDIMIENTO PARA ENTENDER, QUE ENTIENDA.  

A esta altura dejamos atrás lo pesado y quizás el cansancio nos abre las puertas a los pensamientos elevados permitiéndonos ver el mundo con otros ojos, los ojos del alma, hasta llegar a Heliópolis, más conocida por Piriápolis, donde los cerros nos dan su bienvenida y nos dicen de la mística de sus símbolos y de la vida encriptada del iniciado que los concibió un día, que los despertó por el entendimiento y por su conocimiento del lenguaje de los pájaros.
La última arista se presentó ante nosotros, Trazadores del mágico Triángulo; eramos los primeros en delinear su mágica silueta y así lo dejamos plasmado en diferentes canales de la Red, para testimonio.
Nuestros pasos empezaron a ser sutiles, etéreos, ligeros como el viento  en el ápice de los viejos cerros;  y la mente dejó paso al espíritu sublimado y nuestro  anhelo ya  no fue  cerrar las aristas del triángulo, sino de permitirnos el asombro por el cambio, de permitirnos la exclamación genuina y quizás hasta inocente, por la experiencia y poder al llegar a la fuente de la cual partimos para abrazarnos a ella,´tal cual un niño abraza con fuerzas a la madre que lo parió, admirándola con ojos distintos, con ojos agradecidos porque sabíamos en nuestros corazones que siempre se vuelve al punto de partida;  pero lo trascendente es volver renovados, distintos, imbuidos de la magia que Piria supo compartir un día con sus con ciudadanos, aunque la gente prefirió en muchos casos denostarlo, antes que comprender sus intenciones.

PIDE Y TE SERA DADO.

Hoy, a dos años de realizado el mítico viaje, mientras la Patria enarbola el  sacro Pabellón, en nuestros pechos de iniciados el metal sublimado verá nuevamente parte de la trasmutación a  la que está llamado.
Gabriel y Mario, gracias por haber sido en esos momentos y aun hoy, maravillosos compañeros de ruta, la ruta marcada por el padre de Heliópolis,  El Camino del TRIANGULO SEGURO.

JAMAS ABANDONES LA PUERTA DE TU TEMPLO, CUANDO ESTA SEA ABIERTA, TU DEBES ESTAR AHI.

José l. RONDAN (Josephius)














 




martes, 5 de julio de 2016

LA VOLUNTAD



JOSE L. RONDAN 


 LA VOLUNTAD

El viento bramaba como si fuera un toro desbocado al tiempo que chocaba con furia incontenible contra los gruesos cristales de la vieja construcción.
Las olas encrespadas, altas, altísimas, desmadejadas, como pocas veces las habían visto aquellos viejos lobos de mar.
El frío en su afán de mortificar a los mortales,  calaba los huesos más sufridos; persistentemente hacía por colarse por debajo de las robustas puertas del viejo edificio, sorteando arteramente toda suerte de obstáculos que los marinos ponían en cada hendidura por donde les parecía que habría de entrar aquel aire gélido.
Sólo el caldero humeante aportaba una cuota de esperanza al grupo que aquella noche estaba de guardia en la base naval; el guiso estaba casi pronto, y para ello avisaba a los comensales con un aroma exquisito que pronto iría a visitarles para propiciarles calor y energías, al tiempo que el cocinero, se iba erigiendo en el héroe indiscutido del recinto.
El sonido ronco del radio llamó la atención del operador cuando aún no había llevado a la boca su primera cucharada de aquella comida caliente, por lo que una vez que hubo respondido al desesperado pedido de auxilio, corrió hacia el comedor avisando al jefe de la situación planteada. – ¡El Stella Maris se hunde, se hunde y lleva ocho tripulantes a bordo!…-¡Pronto muchachos todos al bote grande!, vociferó el capitán. - ¡Marque ubicación e indíqueles que sale ayuda en forma inmediata!
Uno de los jóvenes marinos intervino para indicarle que la nueva y potente  lancha estaba lista para partir.
-¡No, en la lancha con motores no, acudiremos en el bote a remos!... Aseveró con energía el viejo marino, reafirmando su aseveración.- ¡Desenganchen el bote a remos!
Teniendo una nave como la nueva Neptuno, con dos motores Revolution HTS, de 600 Caballos cada uno,  los hombres no alcanzaban a comprender la aparentemente absurda orden de su jefe, aunque no obstante ello, cuando menos lo pensaron ya estaban peleándole la vida al mar embravecido, el cual tozudamente hacía por engullirlos.
La voz ronca del capitán arengando a sus hombres para que no desistieran en clavar una y otra vez aquellos pesados remos en las revueltas aguas, se perdía enredada en el arremolinado viento del Este, lo que no fue impedimento alguno para que la vieja embarcación pusiera a salvo después de una muy dura faena,  a los ocho vapuleados tripulantes.
Ya de regreso y al amparo de las gruesas paredes, mientras hacían por recobrar fuerzas, uno de los jóvenes marineros preguntó a  su capitán el motivo de su decisión de lanzarse a las aguas en el viejo bote a remos, a lo que éste, sin apartar prácticamente la vista de su plato rebosante, le  contestó, - La fuerza de voluntad hijo, la fuerza de voluntad; los motores por más potentes que sean, no la poseen. Si llegaran a fallar, ahí quedaríamos, en cambio el hombre con determinación, la posee a raudales y ello es lo que nos permitió ir y regresar con nuestros camaradas a salvo.


OOOOOOOOOOOO



Esta historia bien puede ser similar a mil historias donde hombres y mujeres enfrentados a una situación dada, donde corre riesgo su vida o la de otro ser humano, donde deben resolver con urgencia una situación determinada, aún a costa de su propia integridad, lo hacen sin dilación, echando mano a una reserva magnífica que poseemos los seres humanos, la voluntad, la determinación, la firme disposición a superar un escollo que con seguridad para otras especies, francamente marcaría el  fin de su vida.
Mientras escribo estas líneas pienso en los actos heroicos de los cientos de pobladores civiles en medio de una guerra, en los mineros chilenos hace unos años,  y la determinación de los ingenieros que improvisando una cápsula lograron salvarlos de las entrañas de la tierra, en aquella madre que habiendo quedado enterrada bajo toneladas de escombro durante un sismo, dio de beber a su bebé, de su propia sangre, y cuando las fuerzas de rescate lograron dar con ella, aunque ya estaba muerta, su niño, había logrado salvarse.
Pienso, mientras desgrano ideas y tecleo en mi ordenador, en la cantidad de enfermos con diversos grados de gravedad, donde la fuerza de voluntad y la determinación por vivir un día más, les aporta las fuerzas para vencer tantas veces, dolencias que de otro modo les habrían causado la muerte.
La vida me ha enseñado que somos una especie muy terca, muy dura, muy fornida, la cual a pesar de no poseer abrigos naturales, ni defensas apropiadas, fuimos creando a través de los tiempos, las condiciones para sobrevivir a pesar de la aparente debilidad, para superarnos ante las adversidades, para saber ponernos en pie cuando el destino se ha esforzado por hacernos andar de rodillas, y todo en virtud de ese elemento que anida allí, en alguna parte del corazón, junto a otra serie de sentimientos, unos buenos y otros malos; que transforma un instante dado trocándolo de angustia en rebeldía, de vicisitud en fortaleza, de contratiempo en oportunidad, permitiéndonos emerger, aunque no pocas veces muy mal trechos, victoriosos, dándonos una segunda oportunidad.
Que importante es afrontar la vida con esa gallardía del ser humano que se sabe dispuesto a dar batalla a esos enemigos que en distintos tramos del sendero se nos aparecen e intentan emboscarnos, intentan reducirnos, anularnos, alienarnos.
Eso, amigos míos se llama voluntad, determinación y rebeldía y sin el mecanismo espiritual que logre dispararlos cuando la ocasión así lo requiera, estaremos indeclinablemente destinados a desaparecer.

No olvidemos que detrás de la nube más densa y oscura, el sol  siempre aguarda por nosotros; que justo cuando la noche cobra su mayor nivel de oscuridad, es cuando está cercano el amanecer; que el agua del sufrimiento es la que riega y nutre a la imprescindible planta de la fortaleza.
A empezar un nuevo día a pesar de lo que debamos enfrentar, con renovados bríos y con la más firme convicción que lo que sea que se ponga delante de nuestros pasos, será superado.


Los viejos chamanes solían decir que mientras para la gente común un problema, un escollo,  una dificultad,  es objeto de los designios del Creador y por ende se hacen pasibles del llanto o el agradecimiento, de la oración o la angustia por el sometimiento,

para un guerrero estas circunstancias sólo obedecen a un nuevo reto a superar, a enfrentar con voluntad y determinación y si no lo llegaran a lograr, si cayeran en el intento, en definitiva ese es el destino de un guerrero y al él se deben.




SOLCTICIO DE INVIERNO EN HELIOPOLIS



El viernes 24 de junio, tuvimos el alto honor de concurrir a la comarca de Heliópolis, conocida por el vulgo como Piriápolis, la tierra de Piria, el alquimista, el masón, el constructor y allí, junto a un numeroso grupo de amigos y hermanos de la vida, hoguera y rituales mediante, nos dispusimos a darle la bienvenida al Invierno.
Los portales solsticiales fueron abiertos para los convocados y con brazos extendidos, como si de una gran boca se tratara, las fuerzas tuvieron su libre pasaje de un plano al otro.
Pero como las puertas abiertas son tanto para salir como para entrar, los que tuvieron más conciencia despierta a la hora de estar, de hacer y de sentir, pudieron mirarse a la cara con esas deidades que para unos son malignas y para otros no tanto.
Tal cual ha sucedido desde la más oscura edad de los tiempos, los hombres convocados en torno a la hoguera, la que danzando decía de sus bondades, de su caridad para con los cuerpos ateridos y de su disposición como buena madre, a defender al grupo allí reunido,  de las bestias salvajes y  de sus más próximos enemigos humanos, brillaba nuevamente en pleno siglo XXI, mostrándonos que aunque provistos de tecnología, no somos tan diferentes a aquellos que tan solo cubrían su cuerpo con pobres pieles.
El silencio, las invocaciones, la meditación, el respeto por lo desconocido, la reunión, la tolerancia con el distinto, la paciencia, el pedido a gritos o apenas murmurado, la caminata junto al fuego y sobre él, la bebida y la comida sagradas;  los druidas, los bardos, la oscuridad allende el grupo en circulo...Todo, absolutamente todo confabuló esa noche para que el awen surgiera para quedarse, para que el espíritu despierto generara la egregora imprescindible para elevarse, sentir y ser uno con aquella Naturaleza que sabiéndonos hombres, prefería protegernos, ser cómplice, a destruirnos, a dejar en evidencia nuestra pequeñez ante la asombrosa obra.
.La noche fue discurriendo entre queimada y conjuro, entre rondas, comentarios, invocaciones, llegadas y partidas y como rocas de un menhir, nosotros, los del Circulo,  clavados en el lugar, conectados con la energía,  mientras mudo testigo de nuestro obrar, el portentoso Pan de Azúcar, mirándolo todo, experimentándolo todo, elevado desde su negra silueta.
Poder realizar este tipo de ritual en lugar tan sacro, desgasta, extenúa, maltrata los sentidos y te deja vacío de anhelos, al tiempo que te armoniza, te eleva, te carga de energías y te vuelve más bueno, más profundo, más peregrino, con deseos incontenibles de caminar el tramo de existencia que nos ha tocado en suerte. Así de encontrados los sentimientos de quien ha tenido la posibilidad de por lo menos una vez en su vida, haber cerrado filas junto a voluntades similares, haber estrechado pechos entorno a la sagrada hoguera mientras se tejían sueños, esperanzas, e ilusiones, mirando fijo a las llamas que danzando nos decían de la vida, haber cruzado miradas con el de enfrente y con el de junto, para preguntarse el por que de esa atávica necesidad de los hombres de reunirnos frente a la crepitante luz, mientras nos permitimos el sueño largo, eterno de una Primavera que ya vendrá para asistirnos con sus olores, con su fuerza y variedad.
El solsticio tocó a su fin; los días grises, la lluvia y el frío se han instalado como para quedarse, pero sabido es que la eterna lucha de los ciclos nos colocan  desde la primera hora, en el vaivén de la vital existencia y que estos rituales realizados al amparo de la noche, sigilosamente, casi en secreto, donde las fuerzas de los seres humanos se aglomeran, se organizan, se subliman, hacen que algunos portales no corran jamás sus cerrojos, que algunos portales no tengan siquiera cerradura y puedan ser abiertos y franqueados a nuestro antojo, porque de eso se trata la esperanza, la ilusión, el anhelo por la llegada de lo porvenir, de poder cuando hacemos de mil espíritus uno, transformar la más loca idea,  la más dura adversidad, en una tangible realidad, porque en definitiva de eso se trata ser humano, de pelearle a  la vida  como sea,  para decirle al Universo después de tantos milenios,  que aun estamos acá y que juntos somos muy fuertes.
El amanecer  en Heliópolis, seguramente ya no fue lo mismo, porque aunque el día, la tranquilidad y las cenizas de la noche anterior nos digan de lo que hubo entre los hombres de aquel clan, los espíritus renovados, hoy estarán hablando entre ellos, preparándose seguramente para estar ante las grandes puertas cuando el equinoccio de Primavera arribe a la comarca de Heliópolis, conocida por el vulgo, como Piriápolis, la tierra de Piria, la del ave Fénix y la de un clan, al que no muchos conocen.


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