jueves, 22 de septiembre de 2016

EQUINOCCIO DE PRIMAVERA - 2016 - CUEVA DEL AVE FENIX - HELIOPOLIS



EQUINOCCIO DE PRIMAVERA- CUEVA DEL FENIX


En plena Era de Acuario, Era de propuestas holísticas, de planteamientos espirituales, de sensaciones y experiencias encontradas a este respecto, donde el hombre pretendiendo dejar atrás la Era de Piscis, se ha lanzado con esmero a bucear en las profundidades insondables de los laberintos más íntimos,  tratando de desentrañar desde una nueva óptica las interrogantes referidas a la vida y a la muerte, de los cómo y los porqué de su permanencia en esta nave sideral y que lo han desvelado desde sus albores en ella, nos encontramos en un camino incierto, de búsquedas no siempre bien orientadas, de búsquedas casi desesperadas por hallar al dios perdido, a la deidad depreciada, al ávatar diluido y ya extraviado en la oscuridad de los tiempos, donde el rito y el ritual casi han perdido vigencia y el hombre, abrazado, inundado por la materia, hace por entender la aparente pequeñez de su existencia y la participación que le cabe en el concierto  Universal donde pregona tosudamente su parecido físico al dios que lo creó, pretendiendo compartir naturaleza y destino.
 Ha emprendido la humanidad, hace ya tiempo, una marcha forzada partiendo desde su propia estatura, dejando de lado en el avance de prisa y sin disimulo, a los dioses y diosas de antaño, a los que les dieron fuerza y vigor, a los que les aportaron doctrina y esperanzas, a los que les proveyeron de la luz que ellos no tenían, a los que cargaban de alguna forma y desde la imaginación y fortaleza de cada comunidad, por sus características y particularidades, los morrales donde se llevan las limitaciones y las miserias  humanas que por momentos tanto nos pesan, haciéndonos ver cuán miserables podemos llegar a ser de no esforzarnos en la superación.
De eso se trata esta reflexión, de la marcha hacia el reencuentro con nuestros orígenes, del volver sobre los pasos que pensamos diluidos en la senda polvorienta de un camino que por rutinario, comenzó a pasar inadvertido bajo nuestros pies, apartándonos de esa búsqueda innata, natural del ser humano que sabe que sin esa pequeña flama que le da vida a los silenciosos pasillos de su templo interior, estará irremediablemente vacío, yermo, marchito.
El último vestigio de la nocturna hoguera se fue extinguiendo a medida que la mañana avanzaba, mientras el último  hilo de humo subía hasta las altas copas para fundirse en ellas, haciéndose uno con las gruesas nubes de aquel último día de un invierno que se despedía con una pertinaz llovizna. Desde temprano entre mate y mate el trajín del grupo lo abarcó todo, las carpas fueron desmontadas, las piedras fueron colocadas conformando el círculo sagrado y el laberinto central, los pendones desplegados,  el altar fue cobrando vida a través de los frutos de la tierra, el fuego, la caracola con el agua del bautismo y las pociones mágicas.
El aire se fue llenando de a poco de la energía de la tierra  milenaria del San Antonio, la que esa mañana se habría a nosotros, al clan del círculo sagrado, para permitirnos realizar en su seno el ritual de Ostara, ritual de bienvenida, renovación y surgimiento por el equinoccio de primavera.
Quienes lean estas líneas y no sean coterráneos, se preguntarán que hacen estos hombres y mujeres en un lugar perdido de la América del Sur, en  un pequeño país con forma de corazón, con balcón al mar, reviviendo añejos festivales celtas, y yo habré de responderles que los ancestros llaman porque no saben de países ni fronteras, que los antiguos druidas convocan a la reunión desde sus sitiales en las altas frondas, desde sus míticos altares entre  las viejas piedras, y allí vamos para retomar la marcha desde donde estemos, haciéndonos eco del  ancestral llamado. Allí le damos vida, energía y fuerzas a una ceremonia a través de la cual procuramos encontrarnos con nosotros mismos, reavivando la hoguera de nuestros orígenes, donde intentamos que el siglo XXI se diluya bajo nuestras plantas para dejar aflorar al viejo humano, al de la intuición a flor de piel, al guerrero temerario dispuesto a mirar a la cara a Caronte, al del alma abierta a las decisiones del oráculo o las señales de la naturaleza, al que vivía en armonía con su entorno sabiéndose parte trascendente de él; adormeciendo por unas horas el llamado metálico del   teléfono móvil, olvidando en la guantera del auto estacionado lejos, computadoras, recibos, contratos, cheques, compromisos y pensamientos urbanos para vivir y revivir antiguos misterios ante el llamado a la preparación para el ritual, voceado por Mario el Blanco, parado gallardamente entre la maleza, esgrimiendo su imponente báculo y haciendo abrir con su palabra el corazón de los asistentes para que  comprendieran la propuesta y con la conciencia despierta se sumergieran en ella.
Después la marcha de la columna silenciosa, expectante, trepando la empinada escalera, entre añosos árboles y fangosas sendas, para acceder al templo a cielo abierto, circulo sacro donde se armonizan los elementos para dar vida al rito; el fuego ardiente, y el agua viva y sempiterna, la dirección de la ceremonia por parte del druida Josephius y las almas unidas, vivas, fortalecidas por la vieja invocación:            CAMINO LA TIERRA COMO AMIGO,   JAMAS COMO DUEÑO;   CAMINO TU VIENTRE MADRE MÍA COMO VISITANTE, PEREGRINO, JAMÁS COMO PROPIETARIO; NUNCA TERRATENIENTE, SIEMPRE HIJO… Durante y después, la música suave de la Naturaleza nos transporta, nos elevan, nos acarician.
El ritual transcurre, se desarrolla entre invocaciones, plegarias y meditaciones; revive la esencia de lo que pensábamos perdido, los pechos se inflaman expulsando suspiros, los ojos se cierran, las mentes se abren, las manos unidas, atenazados dedos formando cadena entorno al círculo mágico.


La energía que se expande, que se apodera de los recovecos del alma, que lo invade todo y el espíritu sin edad de aquellos viejos chamanes que al terminar el ritual y mientras nos marchamos en paz, aun nos acompañan, haciéndonos pensar cuanto de ellos habita en nosotros y que por el apuro, por las modernas urgencias que nos privan del amigo, de la mesa compartida, de la ceremonia, pretendemos olvidar.
Un nuevo ritual ha quedado atrás como el equinoccio vernal, la fiesta de Samhael, la noche de San Juan, etc.; otros vendrán según la época y con seguridad nos hallarán aquí en esta tierra sagrada del hemisferio Sur, pletórica de energía, bañada por el océano Atlántico y recostada a las sierras que un hombre puso por nombre Heliópolis y la voluntad popular le asignó por nombre Piriápolis y que de quererlo, podrán encontrar en el mapa, allí debajo del gigante Brasil y a un lado de la extensa Argentina, latiendo, viviendo, desbordando por sus pedregosos poros la energía buena que hace de este sitio en la piel del planeta, uno de los mejores lugares para transformarse en peregrinos camino de la luz y del reencuentro con uno mismo.

                                                                                   JOSE L. RONDAN - Josphius




martes, 2 de agosto de 2016

JOSE LUIS RONDAN - EN LA ESCUELA DE MISTERIOS - CHARLA Y MUESTRA ARTISTICA.





EL PROXIMO LUNES 15 DE AGOSTO DE 2016, A LA HORA 20.30, LA ESCUELA DE 

MISTERIOS UBICADA EN CARABELAS 2891, ESQUINA. ENRIQUE MARTÍNEZ,  EN EL 

MARCO DEL PRIMER CICLO DE ARTE Y CULTURA *INSPIRACIÓN*, ABRIRÁ SUS 

PUERTAS  AL PÚBLICO EN GENERAL, INVITANDO A PARTICIPAR DE LA CHARLA 

SOBRE EL TRIANGULO DE FRANCISCO PIRIA  Y POSTERIOR APERTURA DE LA 

MUESTRA ARTÍSTICA COMPUESTA POR PINTURAS Y ESCULTURAS DEL

 CONFERENCISTA, JOSE LUIS RONDAN.


De la  manera  arriba reseñada, más o menos, las autoridades de la Escuela de Misterios y quien escribe, JOSE LUIS RONDAN, participan a todos quienes así lo deseen, a asistir a la charla acerca del mítico Triangulo de Piria o Triángulo Seguro; camino iniciático generado en la teoría a través de los estudios realizados por Francisco Piria sobre nuestro territorio y llevado a la realidad de los pies sobre el sendero,  por tres peregrinos quienes sintieron desde la primera hora la necesidad de hacerse uno con ese camino dormido por años para hacerse de su energía, intentar desentrañar los misterios que pudiera ocultar y de alguna manera acercarse al espíritu creador del alquimista, Don Francisco Piria.

Una vez finalizada la charla en cuestión daremos por abierta la muestra de pinturas y esculturas del abajo firmante, quien de esa manera hará por acercarse un poco más a todos aquellos que esa noche con su presencia generen la magia, compartiendo su arte y la forma de ver algunos Misterios.
Compartiremos un brindis.

Las búsquedas dan su fruto siempre que habiendo golpeado, tengamos la paciencia para aguardar a que la puerta nos sea abierta.

Gracias.

miércoles, 20 de julio de 2016

ACUARELISTA ESTEBAN GARINO -1919 - 2001 - SEMBLANZA DE MI MAESTRO




SEMBLANZA DE MI MAESTRO

Creo que es de orden recordar, tener presentes y evocar a quienes desde su posición en las trincheras de la vida, desde ese breve instante de tiempo en que cruzaron huellas en nuestro camino,  obraron en el sentido de hacernos aportes trascendentales para nuestra proyección, para alcanzar metas, para formarnos, ya no como profesionales en determinada área, sino como seres humanos, cosa ésta invaluable a la hora de pasar raya para establecer a esta altura de nuestro recorrido, qué personas conformaron,  cual silenciosos albañiles,  esos imaginarios bloques de respeto, dignidad, cariño, sapiencia y compromiso,  que hacen a la firmeza y solidez de las paredes del gran edificio de la vida con que estamos conformados.


ESTEBAN ROBERTO GARINO  - 1919-2001-

 Aun después de tantos años,  lo veo rezongando con su voz ronca, gesticulando y saltando de tema en tema y llevando a la gente, su gente, de un tema al otro, quedándose con aquellos discípulos que de alguna manera podíamos seguir el curso de su verborragia, de sus no pocas veces encriptadas explicaciones acerca de las luces y las sombras, de las veladuras, dimensiones e inspiración para la generación de la obra. De sus caballos y los murales que el Estado le había encargado y aun no le había pagado, entre otros tantos tópicos, como expresara, no siempre relacionados a la pintura y en los que gustaba de incursionar.
Siendo el hombre urbano que era, recuerdo aún las magníficas exposiciones informales que nos hacía en el taller acerca de las diversas batallas que había pintado; Rincón, Sarandí, El sitio a Montevideo, La brecha, etc. remedando el bramido de los caballos en desbocada carrera hacia los enemigos del momento, haciendo ademanes desde sus metro noventa, de bajar un mortal sablazo sobre algún desdichado invasor; y mientras simulaba gritos, bramidos y jadeos y el chocar de lanzas en el aire roto por sus brazos de gigante enloquecido, sus ojos buscaban ya al siguiente enemigo, la roca, el descampado o el arroyo donde proseguir la imaginaria batalla, para pasar inmediatamente  ante los semblantes extasiados de sus jóvenes alumnos, a pedir que fuera servida una nueva copita de vino para quitar el frío, dando paso a una estruendosa carcajada.
Esteban Garino nació en Montevideo  el 22 de diciembre del  año de 1918 o 1919; siendo autodidacta, se  constituyó en aplicado acuarelista de la mano del viejo pintor italiano Aldo Raimondi, de cuya personalidad solía hablarnos en esas rondas largas del taller, entre pinceladas,  risas y comentarios  de la más variada índole.
Personalmente lo conocí allá por el año 1973 cuando me anoté, teniendo apenas 14 años de edad,  para los cursos de la escuela de dibujo por correspondencia Continental School, aunque gracias al esfuerzo de mis padres pude hacerlos personalmente, yendo cada miércoles durante más de dos años a la calle Ejido 1425, lugar donde funcionaba el mencionado instituto del cual Garino era el profesor.
Su vida de reconocido artista lo llevó a recorrer varios países de las Américas y de Europa, deteniéndose especialmente a instancias del Gobierno de la época, quien había asignado ese viaje como Misión Oficial, en la academia de arte de Brena, en Milán donde obtuvo una gran experiencia pictórica, la que sin lugar a dudas hacía por trasmitirnos en cada reunión.
Fueron muchos los reconocimientos obtenidos a lo largo de su  tan extensa  como prolífica carrera artística, pudiendo destacarse entre otras, la importante muestra retrospectiva realizada por el Ministerio de Instrucción Pública,  en el Salón Nacional de Bellas Artes en el año 1958, cuyo catálogo fuera prologado por el afamado escultor Edmundo Prati.
En su haber contó con gran cantidad de exposiciones y charlas referidas al tema en países como Brasil,  Argentina,  Chile, Estados Unidos, Francia o  Italia, debiendo ser destacado su viaje en el año de 1982, a Londres, a instancias de la Sociedad Británica-Uruguaya, integrante del Consejo Hispano Luso Brasileño, realizando una acaba exposición de sus acuarelas más renombradas, así como una conferencia sobre la depurada técnica de las mismas en Canning House, sede de dichas instituciones.
La trayectoria de este talentoso maestro de las artes plásticas que la vida nos obsequió a nosotros, sus discípulos,  para que obtuviéramos de él parte de la experiencia recogida en tan extenso periplo, fue galardonado con muchos premios y reconocimientos tales como: Mención primer Salón Nacional de Acuarelas (1940), Mención en el segundo y tercer Salón Nacional de Acuarelas (1950 y 1953),  Premio Cámara de Representantes Sección Acuarelas, XVII Salón Nacional (1955), Tercer Premio Sección Acuarelas XIX Salón Nacional (1957), Premio de Honor en el VI Salón Nacional de Río Grande, Porto Alegre, (1956), Premio a la ilustración y al libro edito XXI, Salón Nacional (1959), Premio Adquisición en el XI Salón Municipal de Artes Plásticas de Montevideo, (1960), Premio Embajada Argentina en el XXIV Salón Nacional (1962), Premio a la obra Batalla del Sarandí en el XXVI Salón de Artes Plásticas (1964).
Participando dado su espíritu inquieto, en incontables actividades de índole cultural como la docencia, jurado en certámenes de pintura, sindicato de libros de pintores, escultores y grabadores, viajando además,  a diferentes países para brindar conferencias y participando en el medio local en la organización de eventos artísticos en los cuales, dada su generosidad, siempre nos involucraba como amigos,  discípulos  y allegados de su taller.
A esta altura la vieja escuela Continental School había quedado atrás, pues había cerrado sus puertas en el año 1977, y ya nos reuníamos  desde hacía algunos años, en el viejo apartamento de la calle Andes  casi 18 de Julio, lugar donde funcionó su taller hasta que dejó de impartir clases; este último dato, en un año incierto, aunque aún bullen muy frescos en mis recuerdos, las tenidas posteriores a las clases en uno de los bares ubicados en la planta baja del edificio del Palacio Salvo, extendiéndose por lo general hasta altas horas de la noche, donde volvíamos por lo general juntos, pues nuestros domicilios en el barrio Pocitos,  estaban  separados por unas pocas calles.
A todo lo expresado, no fueron pocas las publicaciones que coronaron su trayectoria, recogiendo temas tan disimiles como las caballerías gauchas, las tareas propias del campo, batallas, obreros, fábricas, o marinas fantásticas, todas, obras pletóricas de luz, de atmósfera, de magia y mucha genialidad.
Quizás fui yo junto a mi esposa de los últimos que lo vimos con vida; ya estaba muy anciano, tal vez cansado de convocar al espíritu creador que le habitaba; se le veía más encorvado que de costumbre, sus ojos celestes muy brillantes y profundos, ya sabían probablemente esa noche hacía donde debían marcharse.   Nos encontramos  ya muy tarde, hacía frío, él se hallaba en la calle Soca y Batolito Mitre;  hablaba con los viejos duendes del genio, tan conocidos por él. Lo acompañé hasta su apartamento, la charla que mantuvimos queda en la órbita de mi silencio, pero sí puedo expresaros que falleció a los pocos días en su domicilio de la Avenida Brasil y J. Zubillaga, después de haber estado esa jornada,  como tantos años, una vez fallecida su esposa, tomando su café en el bar de Avenida Brasil y Brito del Pino, donde se le podía ver a diferentes horas del día. Corría el año 2001.
Como anécdota digna de ser enunciada, recuerdo que Esteban Garino solía participarnos de la evolución de sus murales, llegando inclusive a pintarnos en algunos de ellos, siendo el más característico La Brecha, referido a las invasiones inglesas, en el cual aparezco como uno de los tambores llamando a la batalla; este enorme óleo era acompañado de EL Sitio a Montevideo y estaban colocados en el  histórico edificio  del  Cabildo de Montevideo, en la plaza Matriz; jamás fueron terminados quedando ambos en la etapa de las veladuras y según nos dijo en su momento, el Estado, quien los había encargado, tampoco se los pagó.
Recuerdo cuando con gran entusiasmo sus alumnos todos,  nos trasladamos hasta el departamento de Florida, pues el Maestro de todas las horas iba a inaugurar su espléndida obra Batalla del Sarandí, pintura de gran dimensión, pudiendo participar de aquel magno evento con el entusiasmo y la alegría de quien se sabe en el camino correcto llevado por la guía de un gran artista como lo fuera el Maestro Garino, mi maestro.
En las foto que adjunto puede apreciarse a Esteban Garino, mi esposa Pilar, el pintor William Moreira (también discípulo suyo) y el autor de esta semblanza en la apertura de una muestra en una galería de la Ciudad Vieja de Montevideo y en la segunda, está el Maestro junto al autor de este texto durante la entrega de los premios acuarelas en el Salón Euskalerría de Montevideo, donde el autor obtuviera el primer Premio por Los Pescadores del Bidasoa.
*Quienes viven en la mente de quienes lo amaron y respetaron, no terminan de marcharse.*

JOSE LUIS RONDAN
Artista Plástico, escritor./ 2016


miércoles, 13 de julio de 2016

A DOS AÑOS DEL MITICO TRIANGULO DE PIRIA




EL CAMINO DE PIRIA O TRIANGULO SEGURO

 LOS TRAZADORES: JOSE LUIS RONDAN, MARIO ALFONSO, GABRIEL PIRIA

18 DE JULIO DE 2014


El próximo lunes 18 de julio, día de la Jura de la Constitución Nacional, habrán de cumplirse dos años en que hicimos realidad un largo sueño adormecido por muchos años entre las páginas de algún viejo libro que versaba acerca de la teoría pergeñada por Don Francisco Piria, referida a la existencia en nuestro territorio, la República Oriental del Uruguay, pequeño país bien al Sur de la América Latina, donde praderas y playas se confabulan para hacer de este un hermoso territorio,  de un triángulo místico, o triángulo seguro; portal o sendero iniciático... vaya uno a saber. 

EL QUE TENGA OJOS PARA VER QUE VEA...

Dos años de reunirnos, confabular, planificar, organizar, hacer teóricos recorridos y des hacerlos, una y otra vez hasta que aquel día 18 DE JULIO de hace dos años, hicimos pedazos la teoría;  ya nadie a partir de allí estaría autorizado a expresar, cuando al triangulo se refiriera:  Se dice que....o se cree que....o alguien dijo que... Pues Mario Alfonso, Gabriel Piria y yo, lo hicimos, fuimos LOS PRIMEROS EN HACERLO, tal cual Godascalco de Puy realizara el Camino a Compostela allá por el año 1000 d.C.  Lo llevamos adelante tramo a tramo, viviéndolo, cuidándolo, experimentándolo y amando cada metro de los 1896 kms realizados por los caminos de nuestra amada tierra.
Las viejas columnas de la rambla de Heliópolis, la ciudad del Sol, nos dicen desde sus desgastados globos terráqueos a manera de remate de sus capiteles, la forma en como quedarán los continentes una vez sufridas las anunciadas catástrofes de fin de era, prevista por Piria para dentro de algún milenio, argumentando el alquimista que en ese triángulo, dada su particular conformación geológica, además del fuerte componente esotérico donde los elementos agua fuego aire y tierra se abroquelan para generar un inexpugnable ámbito de seguridad y fortaleza y  centro energético, atanor del alquimista,  que ya hoy día hasta los estudiosos de estos temas no dudan en reconocer, la humanidad podrá sobrevivir para poder soñar con un nuevo resurgimiento.
El Triángulo del cual hablo posee vértices perfectamente delimitados por Piria, los que se indican como primer vértice,  la Plaza Matriz, lugar donde se emplaza la mítica Fuente cargada de simbología alquímica y masónica; la Plaza Matriz, símbolo inequivoco de la matriz de lo femenino, de lo que da o proporciona luz a través del nacimiento a la nueva vida y desde ahí al Norte, tratando de dejar atrás lo corporal, lo material y denso para acceder al obelisco de Piria en pleno Rivera; obelisco de piedra del Pan de Azúcar, de la tierra de Heliópolis y de allí comenzando a descender para empezar a ser Idea a través de la búsqueda.

EL QUE TENGA ENTENDIMIENTO PARA ENTENDER, QUE ENTIENDA.  

A esta altura dejamos atrás lo pesado y quizás el cansancio nos abre las puertas a los pensamientos elevados permitiéndonos ver el mundo con otros ojos, los ojos del alma, hasta llegar a Heliópolis, más conocida por Piriápolis, donde los cerros nos dan su bienvenida y nos dicen de la mística de sus símbolos y de la vida encriptada del iniciado que los concibió un día, que los despertó por el entendimiento y por su conocimiento del lenguaje de los pájaros.
La última arista se presentó ante nosotros, Trazadores del mágico Triángulo; eramos los primeros en delinear su mágica silueta y así lo dejamos plasmado en diferentes canales de la Red, para testimonio.
Nuestros pasos empezaron a ser sutiles, etéreos, ligeros como el viento  en el ápice de los viejos cerros;  y la mente dejó paso al espíritu sublimado y nuestro  anhelo ya  no fue  cerrar las aristas del triángulo, sino de permitirnos el asombro por el cambio, de permitirnos la exclamación genuina y quizás hasta inocente, por la experiencia y poder al llegar a la fuente de la cual partimos para abrazarnos a ella,´tal cual un niño abraza con fuerzas a la madre que lo parió, admirándola con ojos distintos, con ojos agradecidos porque sabíamos en nuestros corazones que siempre se vuelve al punto de partida;  pero lo trascendente es volver renovados, distintos, imbuidos de la magia que Piria supo compartir un día con sus con ciudadanos, aunque la gente prefirió en muchos casos denostarlo, antes que comprender sus intenciones.

PIDE Y TE SERA DADO.

Hoy, a dos años de realizado el mítico viaje, mientras la Patria enarbola el  sacro Pabellón, en nuestros pechos de iniciados el metal sublimado verá nuevamente parte de la trasmutación a  la que está llamado.
Gabriel y Mario, gracias por haber sido en esos momentos y aun hoy, maravillosos compañeros de ruta, la ruta marcada por el padre de Heliópolis,  El Camino del TRIANGULO SEGURO.

JAMAS ABANDONES LA PUERTA DE TU TEMPLO, CUANDO ESTA SEA ABIERTA, TU DEBES ESTAR AHI.

José l. RONDAN (Josephius)














 




martes, 5 de julio de 2016

LA VOLUNTAD



JOSE L. RONDAN 


 LA VOLUNTAD

El viento bramaba como si fuera un toro desbocado al tiempo que chocaba con furia incontenible contra los gruesos cristales de la vieja construcción.
Las olas encrespadas, altas, altísimas, desmadejadas, como pocas veces las habían visto aquellos viejos lobos de mar.
El frío en su afán de mortificar a los mortales,  calaba los huesos más sufridos; persistentemente hacía por colarse por debajo de las robustas puertas del viejo edificio, sorteando arteramente toda suerte de obstáculos que los marinos ponían en cada hendidura por donde les parecía que habría de entrar aquel aire gélido.
Sólo el caldero humeante aportaba una cuota de esperanza al grupo que aquella noche estaba de guardia en la base naval; el guiso estaba casi pronto, y para ello avisaba a los comensales con un aroma exquisito que pronto iría a visitarles para propiciarles calor y energías, al tiempo que el cocinero, se iba erigiendo en el héroe indiscutido del recinto.
El sonido ronco del radio llamó la atención del operador cuando aún no había llevado a la boca su primera cucharada de aquella comida caliente, por lo que una vez que hubo respondido al desesperado pedido de auxilio, corrió hacia el comedor avisando al jefe de la situación planteada. – ¡El Stella Maris se hunde, se hunde y lleva ocho tripulantes a bordo!…-¡Pronto muchachos todos al bote grande!, vociferó el capitán. - ¡Marque ubicación e indíqueles que sale ayuda en forma inmediata!
Uno de los jóvenes marinos intervino para indicarle que la nueva y potente  lancha estaba lista para partir.
-¡No, en la lancha con motores no, acudiremos en el bote a remos!... Aseveró con energía el viejo marino, reafirmando su aseveración.- ¡Desenganchen el bote a remos!
Teniendo una nave como la nueva Neptuno, con dos motores Revolution HTS, de 600 Caballos cada uno,  los hombres no alcanzaban a comprender la aparentemente absurda orden de su jefe, aunque no obstante ello, cuando menos lo pensaron ya estaban peleándole la vida al mar embravecido, el cual tozudamente hacía por engullirlos.
La voz ronca del capitán arengando a sus hombres para que no desistieran en clavar una y otra vez aquellos pesados remos en las revueltas aguas, se perdía enredada en el arremolinado viento del Este, lo que no fue impedimento alguno para que la vieja embarcación pusiera a salvo después de una muy dura faena,  a los ocho vapuleados tripulantes.
Ya de regreso y al amparo de las gruesas paredes, mientras hacían por recobrar fuerzas, uno de los jóvenes marineros preguntó a  su capitán el motivo de su decisión de lanzarse a las aguas en el viejo bote a remos, a lo que éste, sin apartar prácticamente la vista de su plato rebosante, le  contestó, - La fuerza de voluntad hijo, la fuerza de voluntad; los motores por más potentes que sean, no la poseen. Si llegaran a fallar, ahí quedaríamos, en cambio el hombre con determinación, la posee a raudales y ello es lo que nos permitió ir y regresar con nuestros camaradas a salvo.


OOOOOOOOOOOO



Esta historia bien puede ser similar a mil historias donde hombres y mujeres enfrentados a una situación dada, donde corre riesgo su vida o la de otro ser humano, donde deben resolver con urgencia una situación determinada, aún a costa de su propia integridad, lo hacen sin dilación, echando mano a una reserva magnífica que poseemos los seres humanos, la voluntad, la determinación, la firme disposición a superar un escollo que con seguridad para otras especies, francamente marcaría el  fin de su vida.
Mientras escribo estas líneas pienso en los actos heroicos de los cientos de pobladores civiles en medio de una guerra, en los mineros chilenos hace unos años,  y la determinación de los ingenieros que improvisando una cápsula lograron salvarlos de las entrañas de la tierra, en aquella madre que habiendo quedado enterrada bajo toneladas de escombro durante un sismo, dio de beber a su bebé, de su propia sangre, y cuando las fuerzas de rescate lograron dar con ella, aunque ya estaba muerta, su niño, había logrado salvarse.
Pienso, mientras desgrano ideas y tecleo en mi ordenador, en la cantidad de enfermos con diversos grados de gravedad, donde la fuerza de voluntad y la determinación por vivir un día más, les aporta las fuerzas para vencer tantas veces, dolencias que de otro modo les habrían causado la muerte.
La vida me ha enseñado que somos una especie muy terca, muy dura, muy fornida, la cual a pesar de no poseer abrigos naturales, ni defensas apropiadas, fuimos creando a través de los tiempos, las condiciones para sobrevivir a pesar de la aparente debilidad, para superarnos ante las adversidades, para saber ponernos en pie cuando el destino se ha esforzado por hacernos andar de rodillas, y todo en virtud de ese elemento que anida allí, en alguna parte del corazón, junto a otra serie de sentimientos, unos buenos y otros malos; que transforma un instante dado trocándolo de angustia en rebeldía, de vicisitud en fortaleza, de contratiempo en oportunidad, permitiéndonos emerger, aunque no pocas veces muy mal trechos, victoriosos, dándonos una segunda oportunidad.
Que importante es afrontar la vida con esa gallardía del ser humano que se sabe dispuesto a dar batalla a esos enemigos que en distintos tramos del sendero se nos aparecen e intentan emboscarnos, intentan reducirnos, anularnos, alienarnos.
Eso, amigos míos se llama voluntad, determinación y rebeldía y sin el mecanismo espiritual que logre dispararlos cuando la ocasión así lo requiera, estaremos indeclinablemente destinados a desaparecer.

No olvidemos que detrás de la nube más densa y oscura, el sol  siempre aguarda por nosotros; que justo cuando la noche cobra su mayor nivel de oscuridad, es cuando está cercano el amanecer; que el agua del sufrimiento es la que riega y nutre a la imprescindible planta de la fortaleza.
A empezar un nuevo día a pesar de lo que debamos enfrentar, con renovados bríos y con la más firme convicción que lo que sea que se ponga delante de nuestros pasos, será superado.


Los viejos chamanes solían decir que mientras para la gente común un problema, un escollo,  una dificultad,  es objeto de los designios del Creador y por ende se hacen pasibles del llanto o el agradecimiento, de la oración o la angustia por el sometimiento,

para un guerrero estas circunstancias sólo obedecen a un nuevo reto a superar, a enfrentar con voluntad y determinación y si no lo llegaran a lograr, si cayeran en el intento, en definitiva ese es el destino de un guerrero y al él se deben.




SOLCTICIO DE INVIERNO EN HELIOPOLIS



El viernes 24 de junio, tuvimos el alto honor de concurrir a la comarca de Heliópolis, conocida por el vulgo como Piriápolis, la tierra de Piria, el alquimista, el masón, el constructor y allí, junto a un numeroso grupo de amigos y hermanos de la vida, hoguera y rituales mediante, nos dispusimos a darle la bienvenida al Invierno.
Los portales solsticiales fueron abiertos para los convocados y con brazos extendidos, como si de una gran boca se tratara, las fuerzas tuvieron su libre pasaje de un plano al otro.
Pero como las puertas abiertas son tanto para salir como para entrar, los que tuvieron más conciencia despierta a la hora de estar, de hacer y de sentir, pudieron mirarse a la cara con esas deidades que para unos son malignas y para otros no tanto.
Tal cual ha sucedido desde la más oscura edad de los tiempos, los hombres convocados en torno a la hoguera, la que danzando decía de sus bondades, de su caridad para con los cuerpos ateridos y de su disposición como buena madre, a defender al grupo allí reunido,  de las bestias salvajes y  de sus más próximos enemigos humanos, brillaba nuevamente en pleno siglo XXI, mostrándonos que aunque provistos de tecnología, no somos tan diferentes a aquellos que tan solo cubrían su cuerpo con pobres pieles.
El silencio, las invocaciones, la meditación, el respeto por lo desconocido, la reunión, la tolerancia con el distinto, la paciencia, el pedido a gritos o apenas murmurado, la caminata junto al fuego y sobre él, la bebida y la comida sagradas;  los druidas, los bardos, la oscuridad allende el grupo en circulo...Todo, absolutamente todo confabuló esa noche para que el awen surgiera para quedarse, para que el espíritu despierto generara la egregora imprescindible para elevarse, sentir y ser uno con aquella Naturaleza que sabiéndonos hombres, prefería protegernos, ser cómplice, a destruirnos, a dejar en evidencia nuestra pequeñez ante la asombrosa obra.
.La noche fue discurriendo entre queimada y conjuro, entre rondas, comentarios, invocaciones, llegadas y partidas y como rocas de un menhir, nosotros, los del Circulo,  clavados en el lugar, conectados con la energía,  mientras mudo testigo de nuestro obrar, el portentoso Pan de Azúcar, mirándolo todo, experimentándolo todo, elevado desde su negra silueta.
Poder realizar este tipo de ritual en lugar tan sacro, desgasta, extenúa, maltrata los sentidos y te deja vacío de anhelos, al tiempo que te armoniza, te eleva, te carga de energías y te vuelve más bueno, más profundo, más peregrino, con deseos incontenibles de caminar el tramo de existencia que nos ha tocado en suerte. Así de encontrados los sentimientos de quien ha tenido la posibilidad de por lo menos una vez en su vida, haber cerrado filas junto a voluntades similares, haber estrechado pechos entorno a la sagrada hoguera mientras se tejían sueños, esperanzas, e ilusiones, mirando fijo a las llamas que danzando nos decían de la vida, haber cruzado miradas con el de enfrente y con el de junto, para preguntarse el por que de esa atávica necesidad de los hombres de reunirnos frente a la crepitante luz, mientras nos permitimos el sueño largo, eterno de una Primavera que ya vendrá para asistirnos con sus olores, con su fuerza y variedad.
El solsticio tocó a su fin; los días grises, la lluvia y el frío se han instalado como para quedarse, pero sabido es que la eterna lucha de los ciclos nos colocan  desde la primera hora, en el vaivén de la vital existencia y que estos rituales realizados al amparo de la noche, sigilosamente, casi en secreto, donde las fuerzas de los seres humanos se aglomeran, se organizan, se subliman, hacen que algunos portales no corran jamás sus cerrojos, que algunos portales no tengan siquiera cerradura y puedan ser abiertos y franqueados a nuestro antojo, porque de eso se trata la esperanza, la ilusión, el anhelo por la llegada de lo porvenir, de poder cuando hacemos de mil espíritus uno, transformar la más loca idea,  la más dura adversidad, en una tangible realidad, porque en definitiva de eso se trata ser humano, de pelearle a  la vida  como sea,  para decirle al Universo después de tantos milenios,  que aun estamos acá y que juntos somos muy fuertes.
El amanecer  en Heliópolis, seguramente ya no fue lo mismo, porque aunque el día, la tranquilidad y las cenizas de la noche anterior nos digan de lo que hubo entre los hombres de aquel clan, los espíritus renovados, hoy estarán hablando entre ellos, preparándose seguramente para estar ante las grandes puertas cuando el equinoccio de Primavera arribe a la comarca de Heliópolis, conocida por el vulgo, como Piriápolis, la tierra de Piria, la del ave Fénix y la de un clan, al que no muchos conocen.


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viernes, 6 de mayo de 2016












SER POLICIA
Recorrí muchos caminos por la vida policial; cuarenta años de trayecto cargados de alegrías y tristezas, pletórico de sin sabores e incomprensiones, pero también de reconocimientos y satisfacción por la tarea bien cumplida. – Sinceramente, hice muchos amigos, compañeros de ruta y al mismo tiempo, muchos enemigos, siendo éstos en los que me he apoyado para tomar impulso, tratando de ser mejor profesional y mejor persona.
Participé incontables veces de sendos procedimientos y operativos junto a mis camaradas; traté de ser maestro de muchos de ellos y asumí también mi postura como aprendiz, dilecto discípulo de otros tantos que  aunque subalternos, con su vasta experiencia enriquecían mi mundo profesional, granjeándome obviamente, como expresara, todo tipo de relaciones, tanto de esas que duran para toda la vida como de las otras que uno prefiere olvidar.
Ingresé muy joven, con apenas 18 años recién cumplidos, como agente de 2da. Clase  y me retiré de la Fuerza con casi 60, portador de una importante jerarquía, y en todo ese periplo me nutrí, me hice hombre, tropecé y me volví a poner en pie; incurrí en mil errores y otro tanto de aciertos, pero sobre todo aprendí a conocer a los seres humanos desde   sus miserias más profundas, al tiempo que aprendí de la grandeza de los hombres  y mujeres más valientes y arrojados con que la Patria pudo y puede  contar.
En el duro y no siempre reconocido camino de la carrera policial sabido es que en un momento se comparte un asado y al siguiente instante se llora un compañero caído en la vía pública, que en un instante se está en forma distendida participando de una charla informal y al siguiente se atiende un accidente con varios fallecidos, un copamiento, un parto  o una rapiña cruel.
La vida del POLICIA, tan denostada, tan depreciada, tan mancillada, es por demás dinámica, difícil, áspera, delicada a la vez que imprescindible para el libre desarrollo de la vida en comunidad.
Los policías de verdad, los profesionales comprometidos, los que desde la primera hora hemos abrazado con el corazón está noble profesión, aprendiendo a amarla aun en contra de los peores, no los delincuentes declarados, nuestros naturales enemigos,  sino  de aquellos que erigidos en autoridades, en seudo jefes cargados de jinetas, han hecho por depredarnos, por vernos a todos delincuentes, simples funcionarios de fácil reemplazo, erigiéndose ellos, en salvadores, en líderes, en iluminados dirigentes, tenemos necesariamente que poner distancia, alejarnos para no contaminarnos, sabiendo y determinando realmente quienes son los verdaderos policías dispuestos a ofrendar su vida, y quienes poseen  únicamente el compromiso político de estar allí.
Para unos la Policía es un escritorio desde donde mandar, desde donde imponer, desde donde conformar sus números para las estadísticas y nada más que eso, para otros lo es el servicio real a la sociedad que les da el sentido de ser y a la cual, como ya he dicho, ofrendar lo más preciado, la propia vida.
 No olvidemos que la Policía es la institución del Estado que más muertos tiene en tiempos de paz.
Los verdaderos policías son los que hoy están llorando amargamente la partida de Otero, el joven guardia de Granaderos, pero que no piensan en hacer un paro en repudio, sino en redoblar energías para decir presentes, para gritar aquí estamos, esto somos, los otros solo se limitarán a escribir estadísticas, tratando que los números cierren mientras ven como sus grandiosos planes se van por el drenaje.
Seguramente lo escrito es poco para lo que uno podría expresar desde la rabia contendida, desde la frustración, desde la impotencia, pero es lo que en parte deseo expresar para decirle a esos camaradas que siendo más jóvenes, a esos compañeros de siempre, de cada día, que están en actividad, que hoy deben dar la cara, que están en las trincheras,  chaleco y pistola, sabiendo que no siempre se les comprenderá y que vuestra función los llevará a caminar siempre por el pretil, y que el único verdadero aliado con que contarán en vuestra difícil tarea, son vuestro temple, vuestro valor, vuestra prudencia y el profesionalismo con que ustedes y quienes los acompañan en las oscuras calles de la ciudad, se desempeñen.
 No esperen jamás, ni por un instante la comprensión ni el auxilio de quienes ocupan un sitio en la Fuerza por un salario, por una jerarquía, por un interés ajeno al meramente social, cometido diferente en todo al de ustedes, gente del llano, gente del pueblo del cual se nutre la Fuerza para sus cuadros.
Recuerden mis queridos policías,  como expresara Artigas, nada debemos esperar de nadie, más que de nosotros mismos.
Hago propicia esta misiva para saludar desde el dolor de un viejo policía que bien sabe de llorar a sus muertos,  a la familia y a los camaradas del joven guardia Otero que dio la vida en defensa de la preservación de los derechos de sus conciudadanos, haciendo votos para que de una vez por todas, desde las altas esferas, se dejen de balconear, de disimular lo que realmente está sucediendo poniendo cara de preocupados ante las cámaras,  y asuman de una vez por todas las riendas de la autoridad moral para terminar con el flagelo de la inseguridad.
   J.L.R.



sábado, 16 de abril de 2016

CERRANDO CIRCULOS










CERRANDO CIRCULOS

El círculo es una figura geométrica que habita en nuestras vidas como parte trascendental de la misma, se aloja sin permiso y sin que nos percatemos de ello, conviviendo en cada cosa que hacemos o decimos. Todas las civilizaciones que han habitado este planeta y las que habrán de hacerlo en el futuro, han reverenciado y reverenciarán la aparente eternidad de nuestro astro rey, el sol, del cual se toma su figura circular como representativa de lo perfecto, de lo absoluto, de lo espiritual, de lo dinámico, contrapuesto al cuadrado, símbolo de lo terrenal, de lo material y estático.
Refiriéndonos al sol  como circulo supremo, diremos de él que es el inequívoco y sempiterno testigo de todas nuestras aventuras terrenales; dios todopoderoso en la génesis de las civilizaciones, dador de vida, y de muerte, y por la necesidad visceral de la trascendencia, del elevar constantemente la mirada al firmamento, buscando, pidiendo, interrogando acerca de nuestra existencia, de nuestra creación y motivo de estancia en éste, nuestro planeta azul.
En los primeros tiempos en forma bastante acotada, donde la incipiente ciencia y la imaginación intercambiaban planteamientos para explicar los misterios que se sucedían ante los ojos humanos, y hoy, gracias a los increíbles adelantos tecnológicos, mucho más profundamente, es que cada generación de hombres se ha inclinado a mostrarlo como un circulo, símbolo de la suprema perfección y representativo de la unidad de lo absoluto.
En Oriente los monjes transformaron el círculo sacro, en mandalas, círculos de meditación en cuyo interior surgen y derivan infinidad de figuras simétricas, las que facilitan el acto de dicha actividad, idónea para la sublimación espiritual y paz interior.
Para otras civilizaciones, como la de los indígenas norteamericanos por ejemplo, el círculo representa el ciclo temporal, el paso de los días, de las estaciones, los años y de hecho, cuando arman sus fuegos rituálicos danzan entorno a él,  reverenciando lo que dicho circulo representa para ellos. Tales prácticas obviamente, no es privativa de dichos pueblos, ya que prácticamente todos los hombres a lo largo de la historia, han encendido hogueras para entibiar sus cuerpos, preparar los alimentos, realizar ofrendas y dejarse llevar por la magia de las llamas danzantes, entonando cantos o mantras a ese dios poderoso que el circulo encierra, pero no para aprisionar, sino para reconocerlo adecuadamente, dándole su justo sitio, el del centro del universo; un pedazo del padre sol en la tierra.  
Entre los celtas el círculo era reverenciado como un templo a cielo abierto, poseedor de virtudes mágicas y representante de un perímetro infranqueable. Recordemos que los druidas realizaban complejos rituales para la consagración y apertura del circulo sagrado, sitio impoluto donde podían recogerse en forma segura, a meditar, a conversar con sus ancestros, a consultar a sus deidades, a conocer la voluntad de Lugh, el dios sol, y que sólo quien o quienes  lo había creado podía acceder a él, ya que eran los únicos que conocían su entrada.
En el Islam, el círculo reúne en sí mismo, el concepto de la máxima perfección; entre los antiguos egipcios el círculo corona muchas veces, y así podemos apreciarlo en los incontables muros pletóricos de jeroglíficos, a los sacerdotes de rodillas, precedidos siempre por uno  de ellos, quien en su cabeza luce uno, por lo general coloreado de blanco o dorado, manifestando su trascendencia, y de éste toma el cristianismo la forma de la hostia o la representación del espíritu  santo sobre la cabeza de los santos de dicho credo.
Hay una figura mística muy utilizada por antiguas civilizaciones y que aparece en el arcano XXI del tarot, El Mundo, y es el Euroboros, consistente en una gran serpiente que conformando un círculo, se alimenta, o pretende hacerlo, mordiendo su propia cola, símbolo de la retroalimentación del conocimiento.
Transitando por pleno siglo XXI, creyéndonos superados en muchos aspectos de nuestras vidas, mirando tantas veces con cierto desdén a otras civilizaciones por creerlas inferiores, verlas primitivas, o por no comprenderlas del todo; desatendiendo o ignorando la constante presencia de este símbolo entre nosotros,  nos olvidamos que hoy día, acá mismo y en este preciso instante, hay seguramente un grupo de hombres y mujeres modernos, reunidos en círculo para orar, para tomarse de las manos o formar una cadena como símbolo vivo, buscando darse fuerzas, trasmitirse energías, ayudarse espiritualmente para enfrentar diversos desafíos por venir; reunidos en un apretado círculo de vida para compartir una mesa, intercambiar opiniones, compartir un café, un mate, un almuerzo, para lamentar o celebrar,  o simplemente, mirarse a los ojos, para decirse sin palabras.
El círculo debe siempre estar cerrado para considerarse tal y así como en la simbología, en la vida, el hombre debe tratar de finalizar lo que ha empezado, evitando lamentarlo más adelante. Cada cosa que uno empieza debe cerrarla adecuadamente, al igual que al círculo sagrado, propiciando de esta manera el correcto fluir de las energías que en mayor o menor cantidad, fluyen necesariamente por cada cosa que como seres vivos emprendemos.
Todos nuestros actos en la vida, conllevan una consecuencia, y es por ello que debemos evitar dentro de nuestras posibilidades, todos aquellos que nos perjudiquen, que nos hagan daño innecesariamente, que nos induzcan a la alienación y por ende, hiriendo, muchas veces de muerte, a quienes marchan a nuestra vera; en tal sentido es que cuando hacemos algo que nos reportará beneficios, que nos traerá paz y armonía, debemos hacerlo con todo el amor, con todo el compromiso, con toda la dedicación que nos sea posible a fin de poder cerrarlo en el círculo sagrado, en nuestro círculo sagrado interior, de la mejor  manera posible, ya que ello dará también, felicidad y energías a quien va a nuestro lado.
El hombre inicia tareas propias de la vida, y las transita por el tiempo que crea necesario, o por el lapso que le sea permitido, hasta que llega el momento en que esa misma vida le reclama la finalización, el cierre, la caída del telón, y es para ello que debemos prepararnos, a fin de no sentirnos frustrados, de no caer en el abatimiento, pudiendo como sacerdotes de nuestro propio templo, cerrar ese círculo abierto tiempo atrás, adecuadamente, en armonía y cubiertos por la paz que únicamente el sentimiento de una tarea correctamente cumplida, nos permite.
La vida es nada más ni nada menos que una aventura, un sendero a recorrer, es aquello que nos pasa mientras pensamos que hacer con ella, según dicen algunos, y es por estas circunstancias que en forma permanente estamos abriendo y cerrando círculos, estamos conformando espacios, unas veces interesantes y otras no tanto, para ir transformando nuestro ser y el entorno por donde pasamos; eso es la vida, ni más ni menos. La vida consiste en las energías puestas al servicio de la obra para el trazado, para la  geometría, para la apertura de círculos, delineados y cerrados adecuadamente, una y otra vez, evitando la conformación de laberintos intransitables que sólo nos lleven a la  confusión.
Simplemente deseo expresar la alegría inmensa que siento, por haber podido a esta altura de mi existencia, haber abierto muchos hermosos círculos de fuerza; círculos amplios y poderosos que estoy seguro persistirán por mucho tiempo entre aquellos que de una u otra manera se han visto involucrados en ellos, agradeciendo además, a aquellos trazadores que amorosamente me han involucrado en los suyos.
Recordemos que para cada círculo que por voluntad propia o en contra de ella, se está cerrando, habrá un lápiz y un papel en blanco, habrá piedras y praderas, habrá pisos y columnas, dispuestos a recibir al hombre inquieto, lleno de vida, que decida iniciar uno nuevo, cargándolo de esperanzas, de ilusiones, de cariño por lo que vendrá y sobre todo, deseo profundamente que si ando cerca, me incluya en él.

lunes, 4 de abril de 2016

EL ACCIDENTE



EL Accidente    



        

Doña Marta recogía los últimos vasos y botellas de ‘la previa’ realizada en el living de su casa.
 Los muchachos ya estaban encaramados al  viejo compañero de tantas juergas; Mario le dio un beso a su madre quien le correspondió con un, -Cuídese  m’hijo, la calle está brava.
La puerta cerró con un golpe seco detrás suyo, el motor que se puso en marcha y aquella radio nocturna que emitía la mejor música, su música, inundó prontamente los espíritus jóvenes. Hoy había que romperla, en definitiva era el último finde de vacaciones, después, a retomar la facu.
Tomaron por la rambla, aunque eran las dos de la madrugada, bastante transitada; el cielo estaba algo nublado, permitiendo descubrir de vez en vez, alguna tímida estrella; desde la costa soplaba una gélida brisa que obligaba a ir con los vidrios altos.
-¿Para donde agarramos che? -Preguntó Mario, al tiempo que le imprimía presión al pedal.
-Vamos para el Este, espetó Chico, el boliche Barrancas está que revienta a esta hora; ¡Hay una nenas de morirse!.- Todos asintieron.
La botella color ámbar volvió a pasar de mano en mano agotando rápidamente en su periplo, el amarillento contenido.
El motor recién ajustado ronroneaba como canción de cuna y entre risas y bromas los kilómetros fueron pasando. La ciudad quedaba atrás. Los postes zumbaban, los despertadores de la ruta denunciaban su presencia y alertaban al conductor cada vez que los neumáticos chocaban contra ellos; el auto realizaba pequeños rebotes lo que provocaba algunas sonrisas a los jóvenes pasajeros por la forma en como los obligaba a sacudirse.
Los que viajaban atrás iban dormidos, la previa los había dejado en el brocal del pozo de ensueños, más tarde,  lo que fueron bebiendo en el trayecto por la ruta, los había hecho sucumbir plenamente.
Mario se esforzaba por levantar sus párpados de metal; a su lado Chico reía como un tonto pretendiendo dibujar algo en el cristal empañado.
Fue un instante, un segundo apenas en que se corrió el cerrojo de los ojos entre abiertos, cerrando de un golpe el mundo de Mario.
El auto recién pintado se había transformado, tras un infernal ruido, en alocado proyectil. En su interior los tapizados se iban tiñendo de muerte, vómitos, alcohol y sangre. Las manos de los títeres de carne y huesos trataban en vano de aferrarse a los asientos, a sus compañeros, a los vidrios que estallaban, a la vida que escapaba por las ventanas rotas.
Una vuelta, dos vueltas, tres vueltas…Que más daba ahora contar los tumbos de aquella bola  de metal informe, si con cada una de ellas dejaba a un costado un cuerpo, una pierna, una butaca semi sumergida en la cuneta a la vera de la ruta.
 El ángel de la muerte encaramado a la copa de los árboles cercanos, observaba paciente con sus ojos vacíos, aguardaba receloso con su morral abierto para abocarse de inmediato, apenas la ruta a oscuras se volviera silenciosa, a la cotidiana cosecha de almas.
No sabe Mario que pasó aquella noche, quizás jamás lo sepa.
 La noche cerrada no permitía saber si estaba vivo o no, si podía ver o estaba ciego. Transpiraba, sus piernas estaban inmóviles, algo pesado lo mantenía aferrado al piso. Lloró. Lloró como un niño largamente. 
Sus amigos, su madre, su novia; ¿Porqué beber para salir a bailar? ¿Porqué embriagarse para celebrar la vida?  
Si tan solo pudiera volver atrás, si pudiera revertir la situación maldita…¡Si pudiera decirles a mis amigos que los necesito sobrios, con la conciencia plena, que así los quiero!...
-Marito, m’hijo… Es la hora, levántese. Los muchachos lo esperan abajo, me dijo que lo llamara a las once y ya son…
Mario se despertó sobresaltado con el tenue llamado de doña Marta; como pudo encendió la luz de su  cuarto y vaya sorpresa cuando vio a su enorme perro cimarrón, El Mostaza,  durmiendo pesadamente sobre sus piernas entumidas.
 Se puso de pie algo aturdido, se dio un baño y lloró y rio mientras se duchaba. 
Bajó hasta el living donde la botella color ámbar aguardaba a ser abierta, mientras su mamá disponía frente a los amigos que esperaban, los gruesos vasos de vidrios y una picadita de fiambres y queso.

Mario se arrimó resueltamente hasta la mesa de vidrio y tomando por el cuello  la botella regordeta,  la volvió a su lugar en el barcito.  - Hoy no hay previa mamá.
-Chico, pedite un taxi que nos vamos a la Ciudad Vieja


                        
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jueves, 24 de marzo de 2016

AMANECER EN MONTEVIDEO



La luna se aferra a su pequeño espacio en el inconmensurable Universo.


No desea irse, pues aquí en la Tierra, aun hoy, los poetas suelen hablar de ella.


Por el horizonte lejano el guiño de luz de su majestad, nos dice que está próximo.


El agua mansa, las milenarias rocas, todos los elementos se confabulan para dar la bienvenida al  nuevo día.


El gigante abre sus ojos y como si observara que todo esté en su lugar, se despereza y nos da los buenos días.


El trabajo llama y desde el puerto cercano, la nave silenciosa surca las nubes, raja las olas, como si nada le importara.


Como un dedo mágico, hendido en las frías aguas; las barcarolas que van y vienen y mientras tanto, la vida que discurre.


La costa adormecida, aletargada de las primeras horas; todo es silencio, todo es susurro, mientras el día se despereza, tratando de quitarse de encima a las nubes revoltosas.


La palmera vigilante se cerciora  que al iniciar el día, aun sigan allí, asidas a las amarras, las bamboleantes barcas pescadoras.



Costa afuera, monótono arrullo de las mansas olas, faja costera tantas veces envidiada, de esta Montevideo, mi ciudad amada.



Ante el espejo quieto, el astillero Rosendo parece que se peinara para estar bonito cuando la faena empiece y allá atrás, majestuoso, el edificio del puertito, marcando su presencia, aunque al rededor la ciudad florezca en edificios de aluminio, vidrio y cemento.




Supo ser morgue, boliche y hoy  museo; viejo castillo de la pronunciada curva, quien no sabe de vos, emblema del Buceo.



Las barcas que aguardan el  momento de su baño preferido, el de hundir la nariz en las marinas crestas, para lograr después de mucho esfuerzo, retornar sonrientes, con sus panzas llenas de adormecidos peces.



Barcas pescadoras, camino del sustento para el aguerrido y humilde pescador, quien a diario se encarama en ellas, para pelearle a la vida el plato de comida que solo las viejas artes harán factible, cuando de atrapar al escurridizo pez se trate, desestimando  tanto tempestades como  vientos  o soledades prolongadas



Montevideo, al Sur del Sur, vieja ciudad portuaria, amigable e integra; crisol de razas y costumbres que suele abrir sus puertas al viajero, arropándolo con la sonrisa más cálida y el abrazo más fraterno. 
Urbe de jóvenes estudiantes y esforzados obreros, de hermosas mujeres, buena comida y manos extendidas. Tu casa cuando gustes, mi ciudad, Montevideo.