SEMBLANZA DE MI MAESTRO
Creo que es de orden recordar, tener presentes y evocar a
quienes desde su posición en las trincheras de la vida, desde ese breve
instante de tiempo en que cruzaron huellas en nuestro camino, obraron en el sentido de hacernos aportes
trascendentales para nuestra proyección, para alcanzar metas, para formarnos,
ya no como profesionales en determinada área, sino como seres humanos, cosa
ésta invaluable a la hora de pasar raya para establecer a esta altura de
nuestro recorrido, qué personas conformaron, cual silenciosos albañiles, esos imaginarios bloques de respeto, dignidad,
cariño, sapiencia y compromiso, que
hacen a la firmeza y solidez de las paredes del gran edificio de la vida con
que estamos conformados.
ESTEBAN ROBERTO GARINO - 1919-2001-
Aun después de tantos
años, lo veo rezongando con su voz ronca,
gesticulando y saltando de tema en tema y llevando a la gente, su gente, de un
tema al otro, quedándose con aquellos discípulos que de alguna manera podíamos
seguir el curso de su verborragia, de sus no pocas veces encriptadas
explicaciones acerca de las luces y las sombras, de las veladuras, dimensiones
e inspiración para la generación de la obra. De sus caballos y los murales que
el Estado le había encargado y aun no le había pagado, entre otros tantos
tópicos, como expresara, no siempre relacionados a la pintura y en los que
gustaba de incursionar.
Siendo el hombre urbano que era, recuerdo aún las magníficas
exposiciones informales que nos hacía en el taller acerca de las diversas
batallas que había pintado; Rincón, Sarandí, El sitio a Montevideo, La brecha,
etc. remedando el bramido de los caballos en desbocada carrera hacia los
enemigos del momento, haciendo ademanes desde sus metro noventa, de bajar un
mortal sablazo sobre algún desdichado invasor; y mientras simulaba gritos,
bramidos y jadeos y el chocar de lanzas en el aire roto por sus brazos de
gigante enloquecido, sus ojos buscaban ya al siguiente enemigo, la roca, el
descampado o el arroyo donde proseguir la imaginaria batalla, para pasar inmediatamente ante los semblantes extasiados de sus jóvenes
alumnos, a pedir que fuera servida una nueva copita de vino para quitar el frío,
dando paso a una estruendosa carcajada.
Esteban Garino nació en Montevideo el 22 de diciembre del año de 1918 o 1919; siendo autodidacta, se constituyó en aplicado acuarelista de la mano
del viejo pintor italiano Aldo Raimondi, de cuya personalidad solía hablarnos
en esas rondas largas del taller, entre pinceladas, risas y comentarios de la más variada índole.
Personalmente lo conocí allá por el año 1973 cuando me anoté,
teniendo apenas 14 años de edad, para
los cursos de la escuela de dibujo por correspondencia Continental School,
aunque gracias al esfuerzo de mis padres pude hacerlos personalmente, yendo
cada miércoles durante más de dos años a la calle Ejido 1425, lugar donde
funcionaba el mencionado instituto del cual Garino era el profesor.
Su vida de reconocido artista lo llevó a recorrer varios
países de las Américas y de Europa, deteniéndose especialmente a instancias del
Gobierno de la época, quien había asignado ese viaje como Misión Oficial, en la
academia de arte de Brena, en Milán donde obtuvo una gran experiencia
pictórica, la que sin lugar a dudas hacía por trasmitirnos en cada reunión.
Fueron muchos los reconocimientos obtenidos a lo largo de su tan extensa
como prolífica carrera artística, pudiendo destacarse entre otras, la
importante muestra retrospectiva realizada por el Ministerio de Instrucción
Pública, en el Salón Nacional de Bellas
Artes en el año 1958, cuyo catálogo fuera prologado por el afamado escultor
Edmundo Prati.
En su haber contó con gran cantidad de exposiciones y charlas
referidas al tema en países como Brasil,
Argentina, Chile, Estados Unidos,
Francia o Italia, debiendo ser destacado
su viaje en el año de 1982, a Londres, a instancias de la Sociedad
Británica-Uruguaya, integrante del Consejo Hispano Luso Brasileño, realizando
una acaba exposición de sus acuarelas más renombradas, así como una conferencia
sobre la depurada técnica de las mismas en Canning House, sede de dichas
instituciones.
La trayectoria de este talentoso maestro de las artes
plásticas que la vida nos obsequió a nosotros, sus discípulos, para que obtuviéramos de él parte de la
experiencia recogida en tan extenso periplo, fue galardonado con muchos premios
y reconocimientos tales como: Mención primer Salón Nacional de Acuarelas
(1940), Mención en el segundo y tercer Salón Nacional de Acuarelas (1950 y
1953), Premio Cámara de Representantes
Sección Acuarelas, XVII Salón Nacional (1955), Tercer Premio Sección Acuarelas
XIX Salón Nacional (1957), Premio de Honor en el VI Salón Nacional de Río
Grande, Porto Alegre, (1956), Premio a la ilustración y al libro edito XXI,
Salón Nacional (1959), Premio Adquisición en el XI Salón Municipal de Artes
Plásticas de Montevideo, (1960), Premio Embajada Argentina en el XXIV Salón
Nacional (1962), Premio a la obra Batalla del Sarandí en el XXVI Salón de Artes
Plásticas (1964).
Participando dado su espíritu inquieto, en incontables
actividades de índole cultural como la docencia, jurado en certámenes de
pintura, sindicato de libros de pintores, escultores y grabadores, viajando
además, a diferentes países para brindar
conferencias y participando en el medio local en la organización de eventos
artísticos en los cuales, dada su generosidad, siempre nos involucraba como
amigos, discípulos y allegados de su taller.
A esta altura la vieja escuela Continental School había
quedado atrás, pues había cerrado sus puertas en el año 1977, y ya nos
reuníamos desde hacía algunos años, en
el viejo apartamento de la calle Andes
casi 18 de Julio, lugar donde funcionó su taller hasta que dejó de
impartir clases; este último dato, en un año incierto, aunque aún bullen muy
frescos en mis recuerdos, las tenidas posteriores a las clases en uno de los
bares ubicados en la planta baja del edificio del Palacio Salvo, extendiéndose
por lo general hasta altas horas de la noche, donde volvíamos por lo general
juntos, pues nuestros domicilios en el barrio Pocitos, estaban
separados por unas pocas calles.
A todo lo expresado, no fueron pocas las publicaciones que
coronaron su trayectoria, recogiendo temas tan disimiles como las caballerías
gauchas, las tareas propias del campo, batallas, obreros, fábricas, o marinas
fantásticas, todas, obras pletóricas de luz, de atmósfera, de magia y mucha
genialidad.
Quizás fui yo junto a mi esposa de los últimos que lo vimos
con vida; ya estaba muy anciano, tal vez cansado de convocar al espíritu
creador que le habitaba; se le veía más encorvado que de costumbre, sus ojos
celestes muy brillantes y profundos, ya sabían probablemente esa noche hacía
donde debían marcharse. Nos encontramos ya muy tarde, hacía frío, él se hallaba en la
calle Soca y Batolito Mitre; hablaba con
los viejos duendes del genio, tan conocidos por él. Lo acompañé hasta su
apartamento, la charla que mantuvimos queda en la órbita de mi silencio, pero
sí puedo expresaros que falleció a los pocos días en su domicilio de la Avenida
Brasil y J. Zubillaga, después de haber estado esa jornada, como tantos años, una vez fallecida su esposa,
tomando su café en el bar de Avenida Brasil y Brito del Pino, donde se le podía
ver a diferentes horas del día. Corría el año 2001.
Como anécdota digna de ser enunciada, recuerdo que Esteban
Garino solía participarnos de la evolución de sus murales, llegando inclusive a
pintarnos en algunos de ellos, siendo el más característico La Brecha, referido
a las invasiones inglesas, en el cual aparezco como uno de los tambores llamando
a la batalla; este enorme óleo era acompañado de EL Sitio a Montevideo y
estaban colocados en el histórico
edificio del Cabildo de Montevideo, en la plaza Matriz;
jamás fueron terminados quedando ambos en la etapa de las veladuras y según nos
dijo en su momento, el Estado, quien los había encargado, tampoco se los pagó.
Recuerdo cuando con gran entusiasmo sus alumnos todos, nos trasladamos hasta el departamento de
Florida, pues el Maestro de todas las horas iba a inaugurar su espléndida obra
Batalla del Sarandí, pintura de gran dimensión, pudiendo participar de aquel
magno evento con el entusiasmo y la alegría de quien se sabe en el camino
correcto llevado por la guía de un gran artista como lo fuera el Maestro
Garino, mi maestro.
En las foto que adjunto puede apreciarse a Esteban Garino, mi
esposa Pilar, el pintor William Moreira (también discípulo suyo) y el autor de
esta semblanza en la apertura de una muestra en una galería de la Ciudad Vieja
de Montevideo y en la segunda, está el Maestro junto al autor de este texto
durante la entrega de los premios acuarelas en el Salón Euskalerría de
Montevideo, donde el autor obtuviera el primer Premio por Los Pescadores del
Bidasoa.
*Quienes viven en la
mente de quienes lo amaron y respetaron, no terminan de marcharse.*
JOSE LUIS RONDAN
Artista Plástico, escritor./ 2016


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