miércoles, 20 de julio de 2016

ACUARELISTA ESTEBAN GARINO -1919 - 2001 - SEMBLANZA DE MI MAESTRO




SEMBLANZA DE MI MAESTRO

Creo que es de orden recordar, tener presentes y evocar a quienes desde su posición en las trincheras de la vida, desde ese breve instante de tiempo en que cruzaron huellas en nuestro camino,  obraron en el sentido de hacernos aportes trascendentales para nuestra proyección, para alcanzar metas, para formarnos, ya no como profesionales en determinada área, sino como seres humanos, cosa ésta invaluable a la hora de pasar raya para establecer a esta altura de nuestro recorrido, qué personas conformaron,  cual silenciosos albañiles,  esos imaginarios bloques de respeto, dignidad, cariño, sapiencia y compromiso,  que hacen a la firmeza y solidez de las paredes del gran edificio de la vida con que estamos conformados.


ESTEBAN ROBERTO GARINO  - 1919-2001-

 Aun después de tantos años,  lo veo rezongando con su voz ronca, gesticulando y saltando de tema en tema y llevando a la gente, su gente, de un tema al otro, quedándose con aquellos discípulos que de alguna manera podíamos seguir el curso de su verborragia, de sus no pocas veces encriptadas explicaciones acerca de las luces y las sombras, de las veladuras, dimensiones e inspiración para la generación de la obra. De sus caballos y los murales que el Estado le había encargado y aun no le había pagado, entre otros tantos tópicos, como expresara, no siempre relacionados a la pintura y en los que gustaba de incursionar.
Siendo el hombre urbano que era, recuerdo aún las magníficas exposiciones informales que nos hacía en el taller acerca de las diversas batallas que había pintado; Rincón, Sarandí, El sitio a Montevideo, La brecha, etc. remedando el bramido de los caballos en desbocada carrera hacia los enemigos del momento, haciendo ademanes desde sus metro noventa, de bajar un mortal sablazo sobre algún desdichado invasor; y mientras simulaba gritos, bramidos y jadeos y el chocar de lanzas en el aire roto por sus brazos de gigante enloquecido, sus ojos buscaban ya al siguiente enemigo, la roca, el descampado o el arroyo donde proseguir la imaginaria batalla, para pasar inmediatamente  ante los semblantes extasiados de sus jóvenes alumnos, a pedir que fuera servida una nueva copita de vino para quitar el frío, dando paso a una estruendosa carcajada.
Esteban Garino nació en Montevideo  el 22 de diciembre del  año de 1918 o 1919; siendo autodidacta, se  constituyó en aplicado acuarelista de la mano del viejo pintor italiano Aldo Raimondi, de cuya personalidad solía hablarnos en esas rondas largas del taller, entre pinceladas,  risas y comentarios  de la más variada índole.
Personalmente lo conocí allá por el año 1973 cuando me anoté, teniendo apenas 14 años de edad,  para los cursos de la escuela de dibujo por correspondencia Continental School, aunque gracias al esfuerzo de mis padres pude hacerlos personalmente, yendo cada miércoles durante más de dos años a la calle Ejido 1425, lugar donde funcionaba el mencionado instituto del cual Garino era el profesor.
Su vida de reconocido artista lo llevó a recorrer varios países de las Américas y de Europa, deteniéndose especialmente a instancias del Gobierno de la época, quien había asignado ese viaje como Misión Oficial, en la academia de arte de Brena, en Milán donde obtuvo una gran experiencia pictórica, la que sin lugar a dudas hacía por trasmitirnos en cada reunión.
Fueron muchos los reconocimientos obtenidos a lo largo de su  tan extensa  como prolífica carrera artística, pudiendo destacarse entre otras, la importante muestra retrospectiva realizada por el Ministerio de Instrucción Pública,  en el Salón Nacional de Bellas Artes en el año 1958, cuyo catálogo fuera prologado por el afamado escultor Edmundo Prati.
En su haber contó con gran cantidad de exposiciones y charlas referidas al tema en países como Brasil,  Argentina,  Chile, Estados Unidos, Francia o  Italia, debiendo ser destacado su viaje en el año de 1982, a Londres, a instancias de la Sociedad Británica-Uruguaya, integrante del Consejo Hispano Luso Brasileño, realizando una acaba exposición de sus acuarelas más renombradas, así como una conferencia sobre la depurada técnica de las mismas en Canning House, sede de dichas instituciones.
La trayectoria de este talentoso maestro de las artes plásticas que la vida nos obsequió a nosotros, sus discípulos,  para que obtuviéramos de él parte de la experiencia recogida en tan extenso periplo, fue galardonado con muchos premios y reconocimientos tales como: Mención primer Salón Nacional de Acuarelas (1940), Mención en el segundo y tercer Salón Nacional de Acuarelas (1950 y 1953),  Premio Cámara de Representantes Sección Acuarelas, XVII Salón Nacional (1955), Tercer Premio Sección Acuarelas XIX Salón Nacional (1957), Premio de Honor en el VI Salón Nacional de Río Grande, Porto Alegre, (1956), Premio a la ilustración y al libro edito XXI, Salón Nacional (1959), Premio Adquisición en el XI Salón Municipal de Artes Plásticas de Montevideo, (1960), Premio Embajada Argentina en el XXIV Salón Nacional (1962), Premio a la obra Batalla del Sarandí en el XXVI Salón de Artes Plásticas (1964).
Participando dado su espíritu inquieto, en incontables actividades de índole cultural como la docencia, jurado en certámenes de pintura, sindicato de libros de pintores, escultores y grabadores, viajando además,  a diferentes países para brindar conferencias y participando en el medio local en la organización de eventos artísticos en los cuales, dada su generosidad, siempre nos involucraba como amigos,  discípulos  y allegados de su taller.
A esta altura la vieja escuela Continental School había quedado atrás, pues había cerrado sus puertas en el año 1977, y ya nos reuníamos  desde hacía algunos años, en el viejo apartamento de la calle Andes  casi 18 de Julio, lugar donde funcionó su taller hasta que dejó de impartir clases; este último dato, en un año incierto, aunque aún bullen muy frescos en mis recuerdos, las tenidas posteriores a las clases en uno de los bares ubicados en la planta baja del edificio del Palacio Salvo, extendiéndose por lo general hasta altas horas de la noche, donde volvíamos por lo general juntos, pues nuestros domicilios en el barrio Pocitos,  estaban  separados por unas pocas calles.
A todo lo expresado, no fueron pocas las publicaciones que coronaron su trayectoria, recogiendo temas tan disimiles como las caballerías gauchas, las tareas propias del campo, batallas, obreros, fábricas, o marinas fantásticas, todas, obras pletóricas de luz, de atmósfera, de magia y mucha genialidad.
Quizás fui yo junto a mi esposa de los últimos que lo vimos con vida; ya estaba muy anciano, tal vez cansado de convocar al espíritu creador que le habitaba; se le veía más encorvado que de costumbre, sus ojos celestes muy brillantes y profundos, ya sabían probablemente esa noche hacía donde debían marcharse.   Nos encontramos  ya muy tarde, hacía frío, él se hallaba en la calle Soca y Batolito Mitre;  hablaba con los viejos duendes del genio, tan conocidos por él. Lo acompañé hasta su apartamento, la charla que mantuvimos queda en la órbita de mi silencio, pero sí puedo expresaros que falleció a los pocos días en su domicilio de la Avenida Brasil y J. Zubillaga, después de haber estado esa jornada,  como tantos años, una vez fallecida su esposa, tomando su café en el bar de Avenida Brasil y Brito del Pino, donde se le podía ver a diferentes horas del día. Corría el año 2001.
Como anécdota digna de ser enunciada, recuerdo que Esteban Garino solía participarnos de la evolución de sus murales, llegando inclusive a pintarnos en algunos de ellos, siendo el más característico La Brecha, referido a las invasiones inglesas, en el cual aparezco como uno de los tambores llamando a la batalla; este enorme óleo era acompañado de EL Sitio a Montevideo y estaban colocados en el  histórico edificio  del  Cabildo de Montevideo, en la plaza Matriz; jamás fueron terminados quedando ambos en la etapa de las veladuras y según nos dijo en su momento, el Estado, quien los había encargado, tampoco se los pagó.
Recuerdo cuando con gran entusiasmo sus alumnos todos,  nos trasladamos hasta el departamento de Florida, pues el Maestro de todas las horas iba a inaugurar su espléndida obra Batalla del Sarandí, pintura de gran dimensión, pudiendo participar de aquel magno evento con el entusiasmo y la alegría de quien se sabe en el camino correcto llevado por la guía de un gran artista como lo fuera el Maestro Garino, mi maestro.
En las foto que adjunto puede apreciarse a Esteban Garino, mi esposa Pilar, el pintor William Moreira (también discípulo suyo) y el autor de esta semblanza en la apertura de una muestra en una galería de la Ciudad Vieja de Montevideo y en la segunda, está el Maestro junto al autor de este texto durante la entrega de los premios acuarelas en el Salón Euskalerría de Montevideo, donde el autor obtuviera el primer Premio por Los Pescadores del Bidasoa.
*Quienes viven en la mente de quienes lo amaron y respetaron, no terminan de marcharse.*

JOSE LUIS RONDAN
Artista Plástico, escritor./ 2016


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